“Para escapar del diluvio (sobre mojado) me retiré al desierto con san Antonio Oliver (dulce compañía) durante 19 días y 500 noches. Allí, sin teléfono, con provisiones, güisqui, intranquilizantes, más los impagables y exquisitos cuidados de la señorita María Ignacia, conseguimos terminar este puñado de canciones…” Así explicaba Joaquín Sabina en los créditos el proceso de creación del álbum más importante de su carrera.

Tras la mala experiencia del trabajo con Fito Páez, y algo decepcionado por el resultado final de Yo, mi, me, contigo, Joaquín Sabina decidió dejar la producción de su nuevo disco en manos de Alejo Stivel, excomponente de Tequila. A la hora de escribir las letras contó con la ayuda de su íntimo amigo Antonio Oliver, Muy vinculado al mundo del cine en los años noventa como productor. Joaquín se plantó en el estudio de grabación con más de veinte canciones. Su intención era publicar un álbum doble, pero desde la discográfica consiguieron convencerle de que abandonara su idea por los altos costes que supondría su lanzamiento, sobre todo en Sudamérica. Los cortes descartados vieron la luz años después en Diario de un peatón y en la edición especial del disco.

El disco 19 días y 500 noches esconde varios secretos. Por ejemplo, la canción que da nombre al álbum, uno de los mayores éxitos de Joaquín, fue escrita inicialmente como un encargo para un grupo andaluz. Pancho Varona y Paco Bastante pusieron música a Ahora que…, aunque en su versión original la concibieron como un bolero. El disco se grabó durante un año entre Madrid y Málaga.