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Javier Menéndez Flores, autor de 'Perdonen la tristeza'. (Foto: Margarita Bañón)

Javier Menéndez Flores: «Era necesaria una exhaustiva puesta al día de ‘Perdonen la tristeza’»

El pasado 6 de marzo, Perdonen la tristeza regresaba a las estanterías de novedades de las principales librerías española en una nueva versión publicada por Libros Cúpula. El escritor Javier Menéndez Flores se ha afanado en los últimos meses en revisar y actualizar la biografía más popular de Joaquín Sabina, que vio la luz originalmente en el año 2000, para analizar los aspectos más relevantes de la carrera del de Úbeda a partir del disco 19 días y 500 noches, desde los álbumes de estudio y los recopilatorios hasta las giras, las colaboraciones con otros músicos y los libros. En Diario Sabina charlamos con él acerca de este nuevo trabajo, que cuenta con un tercio de material inédito.

-Dos décadas después, Perdonen la tristeza regresa a las estanterías de novedades de las grandes librerías de España. ¿Cómo surgió la idea de revisar su texto y actualizarlo?

-Fue una propuesta editorial que acepté con entusiasmo. Cualquier escritor reescribiría sus libros anteriores una y mil veces, y en este caso, además de una reescritura, era necesaria una exhaustiva puesta al día. Ya que no estamos hablando de una novela, sino de una biografía de alguien que sigue vivo y que, encima, no ha parado. Casi 20 años dan para mucho, y Sabina, en este tiempo, ha publicado varios discos y libros, ha realizado unas cuantas giras, ha superado una depresión y una crisis creativa, y ha tenido que luchar contra su propia leyenda: el listón, parece ser que insuperable, que dejó 19 días y 500 noches, su obra magna. Fíjate si había donde rascar.

-Hay escritores a los que les cuesta volver a leer uno de sus libros. El propio Joaquín, por ejemplo, ha dicho en más de una ocasión que no vuelve a escuchar sus discos una vez que entrega el máster a la discográfica. ¿Qué te has encontrado al leerlo después de tantos años? ¿Crees que Perdonen la tristeza ha ‘envejecido’ bien?

-Bueno, el lifting que le he hecho era necesario por las razones que te he dado. Además de eso, es obvio que hace 18 años no escribía igual que ahora, que tengo mucho más oficio y, como es lógico, me siento más seguro a la hora de abordar la escritura de un libro. Ahora bien, no puedes cambiar un texto antiguo de cabo a rabo. Hay cosas que sí, que las puedes reescribir y modificar, pero has de mantener la esencia de lo escrito. Y ahí reside, precisamente, la complejidad de esa labor. Puesto que tienes que corregirte con sumo cuidado, medirte, ser tú quien establezca los límites. Te diré, no obstante, que las reediciones son algo habitual; que todos los años se reeditan en España decenas de libros. En este caso, lo cómodo habría sido escribir un prólogo y ya está, como han hecho otros muchos autores, pero no podía dejar pasar la oportunidad de actualizar el libro. Y aunque ha sido una paliza tremenda, creo que lo contrario habría supuesto una estafa para los lectores. Y otra cosa: Joaquín ha reescrito estrofas de algunas de sus canciones (Medias negras, por ejemplo), y su actualización de Princesa para Sabina y Cía. Nos sobran los motivos es la que él considera como la versión buena. Ningún escritor, cultive el género que cultive, se resiste a esa tentación.

-Hablas de un treinta por ciento de material nuevo respecto a la edición original.

-Quizá algo más. No solo hay que contar todo el texto inédito que va desde donde moría la primera edición hasta el presente (unas 140 páginas), sino que he incluido bastantes fragmentos nuevos en la parte de la primera edición. Y a eso hay que sumarle lo que le he añadido al apartado de “Sabinismos y sabinadas”, que contenía poco más de cincuenta frases memorables de Joaquín y ahora tiene justo el doble. Y luego están los textos de las nuevas firmas y la cronología esencial, que ha aumentado considerablemente. Sí, más de un tercio del libro es nuevo.

Perdonen la tristeza
Portada de ‘Perdonen la tristeza’, la biografía de Joaquín Sabina escrita por Javier Menéndez Flores que regresa al mercado en una nueva edición revisada y ampliada.

-¿Cuánto tiempo te ha llevado este proceso de revisión?

-Varios años de documentación y unos meses de ejecución.

-Esta edición cuenta con abundante material gráfico.

-Así es. Y tengo que decir que la editorial apostó muy fuerte en ese sentido y no escatimó, lo cual es del todo infrecuente. La edición es impecable: tapa dura, letra generosa (algo que siempre es de agradecer) y, como bien dices, tres pliegos de fotos, cuando lo normal en estos casos es que lleve, con suerte, dos.

Perdonen la tristeza ha sido para muchos una puerta de entrada en la vida de Joaquín Sabina tras conocer sus canciones. A nivel personal, ¿te ha dado muchas satisfacciones este libro en estas dos décadas? Siempre ha tenido una gran acogida entre el público.

-A lo largo de estos años, muchísima gente, por escrito y de viva voz, me ha agradecido la existencia de este libro, pues, como dices, a través de él accedieron a mucha información de su ídolo que hasta entonces desconocían. Sí, el símil es acertado: fue una puerta de entrada al ‘universo Sabina’. Y espero que para gente que empieza a interesarse ahora por él, esta nueva edición también lo sea. Ojalá.

-En el nuevo prólogo dejas entrever cierto aire reivindicativo por lo que pudo servir tu libro como ayuda para otros autores que escribieron sobre Joaquín Sabina después.

-Lo que tenía que decir a ese respecto ya lo he dicho, como dices, en el libro. Y creo haber sido muy claro. No tengo nada más que añadir.

-Volvamos veinte años atrás. ¿Recuerdas cómo le propusiste a Joaquín escribir su biografía?

-Sí, me acuerdo como si fuera hoy. Le dije: «Joaquín, quiero escribir una biografía sobre ti». Y él: «Pues me parece muy bien. Pero no esperes que te la escriba yo. Ahí tienes todo mi archivo a tu entera disposición. Puedes empezar cuando quieras. Si me gusta lo que escribes, charlaremos». Y así empezó todo. Surgió cuatro años después de conocerle, cuando ya le había entrevistado varias veces y teníamos cierto trato.

-La labor de rastreo en su archivo personal tuvo que ser inmensa, ¿qué te encontraste allí?

-Fue un palizón, la verdad. Como escribir otro libro, solo que mucho más coñazo. Tuve que cribar mucho y rescatar todo lo que entendí que podía aportar algo al lector.

-¿Cómo recibió él el texto una vez que lo terminaste?

-Estupendamente. Lo cuento en el nuevo prólogo. Me llamó al cabo de veinticuatro horas de que se lo enviase y me felicitó. Cumplió la palabra dada y me invitó a ir a su casa por si quería entrevistarle para añadir más datos, y, claro, fui a verle ese mismo día.

-¿Tienes idea de cuántos ejemplares se han despachado en todo este tiempo en sus distintas versiones?

-El libro se vendió muy bien, la verdad. Extraordinariamente bien. También hay que decir que aquellos eran otros tiempos. La crisis ha marcado un antes y un después en el sector editorial. Bueno, y en tantos otros sectores. Alcanzar, hoy, el mismo número de ediciones de entonces es algo impensable porque, como te digo, aquellos eran otros tiempos. Pero te aseguro que ni ahora ni nunca ese, el de las ventas, ha sido mi motor a la hora de escribir. Siempre he escrito libros en los que he creído; libros que me podían aportar algo, y nunca he pensado en las ventas que podían llegar a tener. Y si luego se han vendido bien, digamos que eso ha sido un regalo que he recibido gustoso y agradecido.

-Desde aquella primera versión de Perdonen la tristeza has escrito ya tres libros sobre Joaquín Sabina desde todos los puntos de vista: biografía, conversación, análisis de su obra… ¿Te quedan fuerzas -y ángulos nuevos- sobre las que enfocar en el futuro otra obra? 

-Ahora no me lo planteo, pero nunca se sabe. Joaquín sigue vivo y seguirá, no me cabe duda, produciendo. En estos años he escrito otros libros, biografías de artistas muy distintos a él, novelas, ensayos, y he vuelto a Sabina cuando el cuerpo me lo ha pedido.

-¿Cuál de los tres proyectos te ha resultado más difícil de culminar?

-Cada uno de ellos tuvo sus muchas pendientes. Son tres libros muy diferentes entre sí. Quizá No amanece jamás haya sido el más duro de hacer por el minucioso trabajo de análisis y examen que exigió, pero ninguno de los tres fue fácil de hacer.

En carne viva. Yo también sé jugarme la boca llegó a las librerías a trompicones al ser suspendida de manera cautelar su venta por una presunta colisión entre derechos editoriales. Luego hubo aún más polémica al reproducir Joaquín un chiste que la reina Letizia le había contado en el ámbito privado. ¿Te llegaste a imaginar en algún momento, en aquellas largas conversaciones en un hotel en que gestasteis el libro, todo lo que podía venir después?

-No, ni él. Lo del chiste que dices, por ejemplo. No nos imaginábamos para nada que aquello, aquella tontería, pudiese armar tal revuelo. Yo no, al menos. Y creo, sinceramente, que Joaquín tampoco. Él dijo cosas tremendas sobre la monarquía, les puso a caldo, y lo que trascendió fue el chistecito. España es España, amigo. Y eso, me temo, no tiene solución. Por cierto, ella entonces aún no era reina, ‘solo’ era princesa. 

-¿Quedó sin publicar algo de lo que captó tu grabadora entonces?

-Sí.

-En No amanece jamás analizas los recursos literarios y los temas más presentes en la obra de Joaquín. Hasta entonces, prácticamente todos los libros que se habían escrito sobre él se centraban mucho más en su biografía que en sus canciones. ¿Fue ese uno de los motivos que te empujó a escribirlo?

-Sí, ese fue, justamente, el motivo que me animó a escribir ese libro. Me faltaba esa perspectiva, y le faltaba a la gente, a sus seguidores. Podría haber hecho un libro mucho más fácil para mí, pero fui honesto y me di un palizón con el objeto de poder cerrar el círculo. Pero el resultado mereció la pena. Yo, al menos, he quedado muy satisfecho con aquel libro, y las opiniones que he recibido de los lectores han sido favorables.

-¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Habrás tenido que trabajar con cientos de folios y esquemas sobre el escritorio, repasando una y otra vez las letras de las canciones y, sobre todo, con mucha calma a la hora de clasificar tanta información. 

-Todo eso multiplícalo por diez. Pero te diré que escribir este nuevo Perdonen la tristeza no ha sido tampoco fácil, ni mucho menos. Escribir un libro nunca lo es, de hecho. Y el que crea que sí, que se ponga a ello. Le deseo toda la suerte del mundo.

-Por lo que lo conoces y lo que has podido hablar con Joaquín, ¿hacia dónde crees que enfocará su carrera en los próximos años? Más libros, menos discos, aún menos conciertos… Lleva tiempo ‘amenazando’ con despedirse de los grandes aforos, pero de momento no cumple su palabra.

-No es ningún secreto que a él, en los últimos años, le tiran más los libros que los discos, aunque la carretera sea más excitante y, desde luego, más rentable. Creo que seguirá escribiendo canciones y grabando discos, aunque desconozco el grado de implicación, las “ganas de”, que le pondrá a esa tarea. Ya lo iremos viendo. Y mientras el cuerpo resista, seguirá ofreciendo conciertos. Seguro. Y, desde luego, aparecerán más libros. Propios y ajenos. A diferencia de lo que muchos sostienen, creo que hay pocos libros sobre Sabina. Piensa en Dylan, ¿cuántos títulos existen sobre él? Decenas. Sí, ya sé que Dylan es universal, y aunque no lo fuera, en Estados Unidos hay trescientos y pico millones de habitantes, un mercado apabullante. Pero Joaquín es una figura de primer orden en España y en la mayor parte de los países de habla hispana de América, de ahí que crea que existen pocos libros sobre él. 

Javier Menéndez Flores (Madrid, 1969) es periodista cultural desde hace más de dos décadas y autor de catorce libros. Ha cultivado la novela (Los desolados, El adiós de los nuestros y, en colaboración con el periodista Melchor Miralles, El hombre que no fui, finalista del Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón 2018), la entrevista (Miénteme mientras me besas, Arte en vena), el ensayo cinematográfico (Guapos de leyenda) y, fundamentalmente, la biografía, con diversos trabajos sobre grandes figuras de la música española. De entre ellas destacan su trilogía de Sabina Perdonen la tristeza (ahora ampliada y puesta al día en Libros Cúpula), Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca y No amanece jamás y las biografías de Extremoduro, De profundis, y de Dani Martín, Soñar no es de locos. Tiene un blog en el que escribe sobre cultura (música, libros, películas): arte-en-vena.blogspot.com.es.

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