Letra y música: Joaquín Sabina

El labrador de mi pueblo
lleva una azada en la mano;
qué grandes tiene las manos
el labrador de mi pueblo:
cavando de sol a sol
con lluvia, nieve o calor.

El parado de mi pueblo
llena de angustia sus manos;
qué tristes tiene las manos
el parado de mi pueblo:
dando vueltas a la noria
sin jornal y sin historia.

El alcalde de mi pueblo
lleva un bastón en la mano;
qué finas tiene las manos
el alcalde de mi pueblo:
con su orgulloso bastón
preside la procesión.

El obrero de mi pueblo
no está en mi pueblo, ha emigrado;
sus manos amasan pan
para otros pueblos lejanos:
qué lejos están las manos
del obrero de mi pueblo.

El soldado de mi pueblo
antes ha sido albañil;
ahora ya no tiene pala,
lleva en la mano un fusil:
qué frías tiene las manos
alrededor del fusil.

El cacique de mi pueblo
no vive tampoco allí,
con el sudor de mi pueblo
se compró un piso en Madrid:
con lo que su mano tira
cuántos podrían vivir.

Soldado, si alguna vez
el labrador de mi pueblo
se levanta y el obrero
se levanta y el parado…
¿qué vas ha haces tú, soldado,
que antes has sido albañil,
qué vas a hacer con tus manos
y tu fusil?

Aparece en: Inventario

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