Una ‘nube negra’ con forma de depresión merodeó la cabeza de Joaquín Sabina tras recuperarse de su ictus. Joaquín se encerró durante meses en su habitación sin más compañía que un puñado de libros y una televisión: rara vez quería recibir a algún amigo. Con un disco comprometido por contrato, Pancho Varona y Antonio García de Diego se pasaron a menudo por su piso de Tirso de Molina con la esperanza de encontrar el esbozo de alguna letra, aunque fuera en la papelera. En 2002, con ese panorama, salió al mercado el álbum Dímelo en la calle, repleto de canciones descartadas de discos anteriores.

Pese a la complicada situación de Joaquín, Dímelo en la calle contiene algunos cortes que han acabado convirtiéndose en clásicos de su discografía, como Peces de ciudad, que hasta solo se conocía en la versión interpretada por Ana Belén. El disco incluye también Como un dolor de muelas, un poema que el Subcomandante Marcos envió a Sabina unos cuantos años antes para que le pusiera música con intención de impresionar a una chica, pero que el andaluz jamás consiguió conducir hacia la idea que le habían encargado. Al final fue Pancho Varona quien le encontró una hermosa melodía.

Quienes estuvieron en la grabación, repartida entre el estudio de Tirso de Molina y el estudio El Cortijo de Málaga recuerdan momentos de mucha emoción cuando Joaquín interpretó Peces de ciudad y La canción más hermosa del mundo. Como dice el cartel con el que posa para el libreto del disco, lo peor había pasado.