La isla portuguesa de Madeira fue el lugar elegido por Joaquín Sabina y Pancho Varona para escaparse juntos unos días en busca de canciones para su nuevo disco, pero nada más llegar se dieron cuenta de su error: Madeira estaba en aquella época plagada de viajes del Inserso y de parejas de recién casados, un ambiente que no servía precisamente para poner en marcha los mecanismos de composición de dos músicos. Joaquín y Pancho decidieron irse a Las Palmas, donde todo empezó a fluir. De allí regresaron con piezas como Eva tomando el sol o Besos en la frente.

El disco se tituló El hombre del traje gris y supuso un punto de inflexión en la carrera de Joaquín no solo por muchas de sus canciones, que entraron directamente a la lista de clásicos de su autoría, sino también por la incorporación de Antonio García de Diego al equipo de trabajo que ya formaba con Pancho Varona. En las primeras sesiones en el estudio, al descubrir la fuerza con la que sonaban las nuevas creaciones en su fase embrionaria, los tres se dieron cuenta de la enorme que había complicidad entre ellos.

La portada es obra de un pintor granadino llamado Juan Vida, al que Sabina conoció muchos años antes tras la suspensión de un concierto en su ciudad. El cuadro original está colgado en el estudio de grabación del piso de Joaquín y ha sido testigo de la gestación de decenas de canciones.