Los estudios Cinearte de Madrid fueron el lugar elegido por Joaquín Sabina, Pancho Varona y Antonio García de Diego para recluirse durante cuatro meses -en sesiones desde las siete de la tarde hasta las siete de la mañana- y dar forma al disco Esta boca es mía. Joaquín entraba entonces en una nueva dimensión en su carrera. Física y química lo había situado en el primer plano musical tanto en España como en Latinoamérica, hasta el punto de las orquestas de pueblo comenzaron a tocar algunas canciones suyas en las fiestas.

Esta boca es mía contó con varios colaboradores de lujo, como Álvaro Urquijo, Javier Ruibal, Rosendo, Pablo Milanés y Pedro Guerra. La principal novedad, no obstante, no estuvo en el elenco de invitados, sino en la incorporación como corista de Olga Román, a la que Sabina había conocido diez años antes por su trabajo con Luis Eduardo Aute.

Varias canciones del disco entraron directamente al corazón de los seguidores de Sabina, especialmente dos: Por el bulevar de los sueños rotos y Ruido. Ambas tienen una historia peculiar. Por el bulevar de los sueños rotos ya estaba grabada en una maqueta con música de Pancho Varona cuando Álvaro Urquijo, de Los Secretos, encontró la letra en los bolsillos de su hermano Enrique. Tras ponerle una melodía, Álvaro contactó con Pancho para preguntarle si llegaba a tiempo para que la escucharan. Tanto a Joaquín como a Pancho y a Antonio les gustó más esta segunda versión, que fue finalmente la definitiva. En el caso de Ruido, la idea surgió de Pedro Guerra. El canario le entregó una letra a Pancho Varona para que le pusiera música. A Joaquín le entusiasmó desde el momento en que la oyó y le dio la vuelta de arriba a abajo al texto, pero manteniendo la esencia original.