Verdades como puños era el título elegido por Joaquín Sabina para su octavo álbum de estudio, en respuesta al anterior Mentiras piadosas. Todo cambió, sin embargo, cuando reparó en una frase pronunciada por Severo Ochoa durante una entrevista. “El amor es física y química… Pero una física y química muy sofisticadas, ¿eh? Yo creo que somos eso, y nada más física y química“, respondió el premio Nobel al ser preguntado por si conocía la clave secreta del amor.

Con esa idea armó Joaquín su nuevo trabajo. En él se incluye además una canción capital en su carrera, Y nos dieron las diez, que le abrió definitivamente las puertas de Sudamérica. Sabina, por cierto, ha contado alguna vez que la estrenó en una cena con amigos como Víctor Manuel y Joan Manuel Serrat, que no mostraron excesivo entusiasmo al escucharla. La idea del andaluz era que Pancho Varona y Antonio García de Diego le pusieran otra música sobre la que él habría creado en un principio de forma provisional, pero sus productores le contestaron que funcionaría tal como estaba. Tuvieron más intuición que Serrat y Víctor.

La versión en vinilo de Física y Química excluye la canción Amor se llama el juego, una pieza cruda dedicada, en principio, a la madre de sus dos hijas. “Las confesiones tienen un límite. Creo que en Amor se llama el juego me he excedido. Lo he eliminado del vinilo, el que más se venderá, y solo estará en el CD y el cassette. Es una forma de limitar el daño a terceros”, explicaba Sabina, inconsciente aún en aquel 1992 de la revolución que aún estaba por sufrir la música en todos sus formatos.