Letra y música: Joaquín Sabina / Jaime Asúa

Me doctoré en tus labios de ocasión,
en una sórdida pensión
de Leningrado,
sin pasaporte y fuera de la ley
pero borracho como un rey
desheredado

Cincuenta rublos era un potosí
y tu desnudo un maniquí de grana y oro,
nos dieron llaves de la suite nupcial
que era un cuartucho de hospital
sin inodoro.

Nos quedaba para un vodka con limón
y un tostón del menchevique
de la esquina.
cuando agonizó el palique ¡qué ansiedad!
te empecé a desabrochar la gabardina.

No era fácil en la Unión Soviética
ir por condones a recepción.
A años luz de la rutina
anidó una golondrina
en mi balcón.

No sé qué nos pasó ni cómo fue
que nos cruzáramos aquella noche loca.
Balbuceamos cursiladas todo a cien
y rodamos descosiéndonos la boca.

nos matábamos de ganas de vivir
sobreactuando el vodevil
de la bohemia.
No dormir era más dulce que soñar
y envejecer con dignidad
una blasfemia.

Tú con boina, yo con barba, viva el Che,
recién conversos a la fe
del hombre nuevo,
no había caído el Muro de Berlín
ni reventado el polvorín
de Sarajevo.

Porque la revolución tenía un Talón
de Aquiles al portador
y flotando entre las ruinas
enviudó una golondrina
en mi balcón.

Ayer salías, morena, de un café
ya casi medio siglo que
no te veía.
Eras rubia, si no recuerdo mal
Dije, y mintiendo,
estás más guapa todavía.

Me aceptaste una cerveza sin alcohol,
se nos había muerto el sol en los tejados.
Funerales y con nada que decir
vi en tus pupilas un añil
mal dibujado.

No sé por qué sigo escribiendo
esta canción
pero me sangra el corazón
cuando lo hurgo.
Supe que te casaste con un juez
y Leningrado es otra vez San Petesburgo.

Ni siquiera comentamos si quedamos,
pásame tu dirección
y de vuelta a la oficina
se estrelló una golondrina
en mi balcón.

Porque la revolución tenía un talón
de Aquiles al portador
y flotando entre las ruinas
enviudó una golondrina
en mi balcón.

Aparece en: Lo niego todo

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