Letra y música: Joaquín Sabina / Benjamín Prado / Antonio García de Diego / Pancho Varona

González era un ángel menos dos alas,
González era un santo por lo civil,
un dandy con un ojo a la funerala,
tan rojo, tan Oviedo y tan zascandil.

Hilaba en los garitos de mala nota
boleros de Machín con Juanín de Mieres,
Apurando esos güisquis en los que flotan
la luna de las golfas y los crupieres.

Cuando volvía
del extranjero,
tan forastero,
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche,
pídame un coche,
fumando espero,
y le aplaudían los camareros.

Otoños y otras luces, pan con verbena,
su príncipe de Gales, tan Cortefiel,
Tratado de urbanismo, Juan de Mairena,
chicana, magdalena, tinta y papel.

Verde por la vergüenza que no tenía,
hasta ayudó a Caronte a quemar sus naves,
decía que morirse no era tan grave
y agonizó en voz baja por cortesía.

Cuando volvía
del extranjero,
tan forastero,
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche,
viva el derroche,
muera el dinero,
y le aplaudían los camareros.

Cuando volvía
del extranjero,
tan forastero,
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche,
pídame un coche,
fumando espero,
y le aplaudían los camareros.

Aparece en: Vinagre y rosas

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