Letra y música: Joaquín Sabina / Antonio García de Diego / Pancho Varona

Era tan pobre
que no tenía más que dinero
besos de sobre
herencia de su padre el naviero.
Anfetaminas
y alcohol desayuno miss Onassis,
pobre Cristina,
que al fin logró quedarse en el chasis.

Solo yo se que dice la pura verdad
cuando jura que toda su fortuna daría
por echarse un noviete aburrido y formal,
por entrar de oficiala en una peluquería.

Cris, Cris, Cristina,
suspira y fantasea
con que la piropea
un albañil.

Cris, Cris, Cristina,
que un botones vea
si le puede conseguir
pastillas para dormir.

Corazón tierno,
los dueños del verano la miman,
pero el invierno
no se lo saca nunca de encima.
Con su cara de dólar
ha amortizado varios maridos
pero siempre está sola
poniéndole una vela a Cupido.

De la isla de Scorpios en yate a New York,
del gran baile de Mónaco a cenar al Maxim’s,
guardaespaldas armados la sacan del Rolls,
un amante alquilado le calienta la suite.

Cris, Cris, Cristina,
dirige una oficina
tumbada en la piscina
de Incosol.

Cris, Cris, Cristina
aunque se derrita
empapadita de sudor,
no se quita el albornoz.

Mil y un tipejos
las flechas del amor le disparan
sólo el espejo
le escupe la verdad a la cara.
Nadie le advierte
que al cielo no se va en limusina,
qué mala suerte
que no acepte la muerte propinas.

Vale más ser la hija de fulano de tal
que la niña mimada de los ojos de Ari
pesa tanto la sombra de papá supermán,
míralo en esa foto organizando un safari.

Cris, Cris, Cristina,
suspira y fantasea
con que la piropea
un albañil.

Cris, Cris, Cristina,
que un botones vea
si le puede conseguir
pastillas para dormir.

Cris, Cris, Cristina,
dirige una oficina
tumbada en la piscina
de Incosol.

Cris, Cris, Cristina
aunque se derrita
empapadita de sudor,
no se quita el albornoz.

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